Si el aire que respira en su lugar de trabajo tiene una cantidad excesiva de polvo, humo, gases, vapores o rocíos, usted puede tener riesgo de desarrollar una enfermedad pulmonar.
La mala ventilación, los espacios cerrados y el calor aumentan este riesgo. La contaminación del aire exterior también puede aumentar el riesgo de enfermedad pulmonar en personas que tienen trabajos que los exponen a substancias que pueden causar esta dolencia.
Existe un estudio denominado espirometría que se ocupa de medir varios aspectos de la función respiratoria y del pulmón. Se lleva a cabo utilizando un espirómetro, un dispositivo especial que registra la cantidad de aire que un sujeto inhala o exhala, así como la velocidad a la cual dicho aire se desplaza hacia fuera o dentro del pulmón.
De acuerdo con Erich A. Cohn-Lois, director general de Business Solutions Group, empresa de consultoría en el área de gestión humana, el objetivo es detectar precozmente posibles alteraciones y tomar medidas para la prevención y control de las enfermedades broncopulmonares ocupacionales.
Destaca que con los diagnósticos obtenidos en exámenes de ingreso se pueden implementar y desarrollar los programas de vigilancia epidemiológica de salud respiratoria en las empresas.
En el área laboral la espirometría es de suma importancia debido a que permite determinar si los factores de riesgo a los que se encuentran expuestos los trabajadores en su sitio de trabajo pueden estar deteriorando la función pulmonar, información necesaria para tomar medidas de prevención y protección respiratoria, dependiendo del cargo, el factor de riesgo y la fuente a la que están expuestos.
Riesgos
Los trabajadores que fuman tienen un riesgo mucho más alto de tener enfermedad pulmonar si en el lugar de trabajo están expuestos a sustancias que pueden causar enfermedad pulmonar.
Si una persona tiene con frecuencia lo que parece ser una gripe, esa enfermedad puede deberse a algo a lo cual está expuesto en el trabajo.
Entre las sustancias que pueden hacer daño a los pulmones se encuentran: polvos derivados de madera, algodón, carbón, asbestos, sílice y talco; humos como los que provienen de metales que están siendo calentados y enfriados rápidamente; humo de la quema de materiales orgánicos; gases como formaldehído, amonio, cloro, dióxido de azufre, ozono y óxidos nitrosos; vapores como los que despiden los solventes, usualmente irritan la nariz y la garganta primero, antes de afectar los pulmones, y rocío o aerosoles de pinturas y lacas.