En medio de este dolor, debemos acotar que las tormentas revitalizan los bosques, limpian los océanos y los aires, y aunque esta tormenta trajo muerte, pronto, como secuela, traerá la vida en forma de verdor, de limpieza medioambiental, de renovación.
Es también un recuerdo perenne de una realidad insoslayable: somos hormigas engreídas que se creen Dios, pero Él, siempre nos manda eventos que nos recuerdan que somos parte de su creación y no dueños de la misma. Que nuestras propias vidas pertenecen plenamente a EL y que siempre junto a la reconvención está la promesa de la vida y de la felicidad en abundancia.
Esto me lleva a pensar en el momento cuando los discípulos de Jesús tuvieron que enfrentar una gran tempestad. Esta vez no se escucho el pronóstico del tiempo, ventaja que tenemos hoy en día cuando los medios de comunicación se ponen a una para alertar a la ciudadanía para que busquen lugares de refugio para salvaguardar sus vidas. Los discípulos de Jesús no tuvieron una voz que les avisara que la tempestad se levantaba y que no debían entrar ese día al mar como de costumbre. Creo que ellos solo creyeron que era un buen día el sol estaba radiante, el viento era agradable y confiados se entraron a la barca junto con Jesús y comenzaron a navegar. Ya mar adentro de repente fueron sorprendidos por una tempestad y no cualquier tempestad. Esta tempestad era tan grande que las olas cubrían la barca.
El viento en ese momento era el encargado de entrar el agua en la barca de tal manera que ya se anegaba. Cuan terrible situación la que vivían los discípulos en ese momento, fueron momentos de angustias y desesperación, enfrentados a una tempestad tan grande en medio de un mar embravecido, un viento furioso que solo Dios podía saber a cuantas millas por horas este venia, estos expertos de la pesca esta vez creyeron que todo estaba perdido que no llegarían a su destino. La orden de Jesús había sido pasemos al otro lado.
Satán, el enemigo de las almas, buscará levantar grandes tempestades a tu alrededor con el fin de que no alcances tu destino. La orden de Jesús fue: pasemos al otro lado, e inmediatamente entraron en la barca se levantó la tempestad y por la descripción esta tempestad era un huracán que los enfrentó en el camino con el propósito que ellos no llegaran al otro lado. Cuando esto pasa siempre un pavor nos inunda, queremos actuar a nuestra manera o muchas veces creemos morir ante tales situaciones que la vida nos proporciona, olvidando que la vida es la vida y ella trae sus propios conflictos. A veces desmayamos olvidando que el Señor está a nuestro lado.
Cuando los discípulos vieron que el viento los anegaba y que estaban en peligro entonces vinieron a él y le despertaron. Cuando estamos pasando por momentos desesperantes y creemos que estamos solos el Señor está con nosotros, aunque creemos que no, aunque pareciera que vamos solos El Maestro está ahí cerca de nosotros.
Cuando los vientos huracanados se levantan a nuestro alrededor y las tempestades de la vida parecen golpearnos es el momento de venir a él y mantener la fe firme en quien hemos creído. Pareciera que vas a perecer pero no es así. Jesús reprendió al viento y a las olas, y se hizo bonanza, cuando vienes a él y lo reconoce como tu Señor la tranquilidad viene a tu vida y entras a vivir en paz con Dios y contigo mismo.
Las tormentas, terremotos, las guerras, la violencia intrafamiliar, la idolatría a dioses falsos, hurtos, paganismo, abandono, rechazo, engaño, indiferencia, envidia, celos, falta de perdón, avaricia entre otros. Son advertencias de parte de Dios al hombre para que vuelvan su corazón a él. Dios busca que el hombre se humille y se convierta de su malo camino. Urge el adecentamiento del mover de Dios, que se esta manifestando en el poder a través de la comunidad cristiana, porque somos pueblos de Dios, Esta situación de emergencia nos muestra una necesidad urgente, pero puede abrirnos una nueva oportunidad, todo depende de nuestra voluntad y nuestra fe, tenemos viva la fe y la voluntad en el Poder de Dios, si nos humillamos conforme a (2cronicas 7:14) “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren y buscaren mi rostro y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonare sus pecados, y sanare su tierra”.
Es necesario nacer de nuevo y reencontrarnos con Dios, humillados ante el Poder de su presencia reconociendo nuestro universo como una de sus mas pequeñas obras antes el sacrificio de Cristo, dando su vida por ti y por mi, salvándonos de la muerte eterna, y venciendo en la cruz del calvario a los gobernadores de las tinieblas, a los principados, a los huestes y potestades de maldad, son a quienes no podemos vencer con nuestro intelecto, con nuestros recursos económicos, con nuestro sistema político, democrático, solo podemos vencerlo creyendo en el poder de Cristo bajo el cual todo están postrado, por esto ni el cielo ni en la luna ni debajo de la tierra hay otro nombre a través del cual el hombre puede ser salvo. Jesús dijo, yo soy el camino, la verdad, la vida y nadie viene al Padre si no es por Mi, y también dijo sin mi nada podréis hacer, (Juan 15:5).
Todos los males que acontecen sobre una nación es producto de la maldad que arropa a nuestra sociedad, los gobiernos no reconocen el poderío de Jesucristo ni su Señorío. El hombre se ha entregado a las pasiones deshonestas sin temor a Dios. El señor dice: volveos a mí y yo me volveré a vosotros.
El Señor te entrega tres llaves en este día para que todo viento cese alrededor tuyo, para que toda tu vida cambie para bien, si cree que los cielos te fueron cerrados y no hay lluvia a tu alrededor, si cree que las altimañas están devorando tu vida y no ve la bendición cerca de ti y pestilencias están azotando a tu alrededor. Utiliza estas tres llaves que cambiarán el curso de tu vida.




