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Internacionales

Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña lanzaron una operación militar conjunta en Siria el viernes en respuesta al presunto uso de armas químicas por parte del gobierno del presidente Bashar Assad contra civiles, y para disuadirlo de que vuelva a hacerlo. La ofensiva provocó la acalorada reacción de los aliados de Damasco y generó un debate sobre su justificación.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, que es el principal apoyo de Assad, calificó la operación de “acto de agresión” que agravará la crisis humanitaria en Siria. Moscú convocó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ante el ataque, que según el dirigente ruso, tuvo una “influencia destructiva en todo el sistema de relaciones internacionales”.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a crear expectativa esta mañana sobre el posible ataque a Siria con misiles “bonitos, nuevos e inteligentes”.

En uno de sus ya recurrentes mensajes en Twitter, el líder estadounidense comentó que “nunca se dijo cuando un ataque a Siria tendría lugar. Podría ser muy pronto o no tan pronto. En cualquier caso, los Estados Unidos, bajo mi administración, ha hecho un gran trabajo librando a la región de ISIS. ¿Dónde está nuestro “Gracias América”?”.

Al menos 257 personas murieron el miércoles tras el accidente de un avión militar argelino en un campo agrícola poco después de despegar en el norte del país, según el ministerio de Defensa.

Aclaró que los muertos eran 247 pasajeros, todos soldados y sus familiares, y diez tripulantes. Los cuerpos fueron trasladados al hospital central del ejército en la población de Ain Naadja para su identificación.

Mohammed Achour, portavoz de la agencia argelina de Protección Civil, dijo que algunos pasajeros fueron “extraídos con graves quemaduras causadas por el incendio del fuselaje”.

Rusia se asoma al precipicio de una nueva crisis por las últimas sanciones impuestas por Estados Unidos contra corporaciones empresariales clave para su economía, que ya han provocado el desplome de la Bolsa y la depreciación del rublo.

Los expertos hablan de “guerra económica” declarada a Rusia por la Administración del presidente de EEUU, Donald Trump, toda vez que el último paquete de sanciones afecta a empresas internacionales que dan empleo a cientos de miles de personas y de las que dependen miles de subcontratas en todo el país.

Por si fuera poco, Washington ha amenazado con tomar medidas contra empresas de otros países que mantengan negocios con las compañías rusas sancionadas, y ha dado de plazo hasta el próximo 5 de junio para cortar cualquier relación con ellas.

El Premio Nobel de la Paz 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, impulsa una campaña para pedir que se conceda esta distinción internacional al ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, preso desde el pasado sábado.

La campaña para que se le otorgue el Premio Nobel de la Paz a Lula se realiza a través de la plataforma de internet Change.org, donde la petición ya cuenta con la adhesión de más de 140,000 firmas.

Pérez Esquivel considera que quien gobernó Brasil entre 2003 y 2010 merece ser reconocido con el Nobel “por su lucha contra la pobreza y el hambre” en su país.

El encarcelado expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva registrará su candidatura a la presidencia para los comicios de octubre próximo justo cuando venza el plazo, anunció el lunes su Partido de los Trabajadores.

Después de una reunión de ocho horas, la agrupación política indicó que Lula sigue siendo su abanderado e inscribirá su candidatura el 15 de agosto, el último día para hacerlo.

Denunció también que el exmandatario es un prisionero político y víctima de “un arresto violento”.

Suicidio, golpe de estado, impeachment, escándalo o prisión: si eres elegido presidente en Brasil tienes prácticamente garantizado un trágico destino.

El encarcelamiento el sábado en Curitiba de Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a más de 12 años de prisión por corrupción, cayó como una bomba.

No solo porque el expresidente (2003-2010) dejó el cargo como uno de los gobernantes más populares del planeta, sino porque también lidera todas las encuestas para las elecciones presidenciales de octubre.

Pero, si se mira desde otra óptica, la vertiginosa caída de Lula fue 'business as usual'.

Los presidentes de Brasil viven en un increíble palacio diseñado por Oscar Niemeyer, disponen de grandes reservas petroleras, gobiernan un país con 209 millones de habitantes, con la mayor selva del mundo y, posiblemente, también con la mejor selección de fútbol... pero, por alguna razón, las cosas acaban torciéndose.

Al menos, Lula culminó sus dos mandatos.

Su sucesora Dilma Rousseff, a la que ayudó a ganar en 2010, fue destituida por el Congreso acusada de haber manipulado las cuentas públicas en 2016, a mediados de su segundo mandato.

Quien tomó la banda presidencial verde y amarilla fue su vicepresidente, Michel Temer, quien cuenta con una popularidad del 5%.

El mandatario se mantiene en pie pese a que su futuro es incierto: el año pasado, fue denunciado dos veces por corrupción, convirtiéndose en el primer presidente de Brasil en ejercicio en ser señalado de un crimen común. Por el momento, está protegido por la inmunidad presidencial.

Si viajamos un poco hacia atrás, hasta 1992, toparemos con Fernando Collor de Mello. Él también sufrió un impeachment acusado de corrupción y dejó el cargo tras dos años de mandato.

Los fiscales están ahora acusándole nuevamente y en 2015 confiscaron su espectacular colección de carros de lujo.

Y solo como muestra, otro de los cinco expresidentes vivos del país, Jose Sarney (1985-1990), también es investigado por corrupción.

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No tendría palabras para definir el trato que me han brindado sus productores, primero cuando labores para ellos en radio y ahora en esta naciente idea de televisión. Cuando fui elegido para estar de cerca con esta pareja, sentí una gran satisfacción al saber que siguen tomando en cuenta mi labor en este fabuloso mundo del deporte.